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"Dilemas de la función crítica"
...Cuando se trata de calibrar la importancia que reviste la crítica musical periodística muchos factores entran en juego, pero uno de los más clarificadores es el establecer prioridades sobre el destinatario de dicha crítica. El intérprete y el compositor suelen considerar que la reseña va dirigida directamente a ellos y que el cronista intenta marcarles normas de cómo actuar y cómo crear. En la práctica esto sucede sólo en casos de críticos petulantes y desubicados. La función primordial del cronista es servir de intermediario más o menos informado, más o menso lúcido, entre el intérprete, la obra de arte y su público lector. La crítica periodística va dirigida primordialmente al lector. Y por eso mismo debe orientarse en ser útil a ese lector. Se supone que el crítico es una persona con larga experiencia auditiva, con una cultura general amplia, con un conocimiento específico en diversos grados de especialización y con un instinto innato para saber oír y saber apreciar lo que oye. Alguno o varios de estos ingredientes pueden faltarle al crítico y de eso depende su mayor o menos eficacia como intermediario. También debe saber escribir con claridad y tener un lenguaje que sea lo bastante rico y flexible como para permitirle formular sus conceptos en imágenes coherentes y accesibles al nivel medio de sus seguidores. Si además de claro resulta elegante y posee estilo y chispa propios, tanto mejor.
"La Función: informar"
En un congreso de periodistas musicales realizado en Washington hace algunos años, se planteó una discusión sobre la finalidad de la crítica. El veterano compositor y crítico Virgil Thomson (famoso por sus sarcasmos y sus exabruptos) afirmó rotundamente que lo único que debía hacer era, informar, informar y sólo informar. Y cuando alguien protesto preguntando, Maestro, ¿y el juicio?, el viejo zorro contestó, el juicio me tiene sin cuidado. Esta es desde luego la posición extrema. El juicio podrá o no interesar de acuerdo a la autoridad y al prestigio que el crítico haya logrado alcanzar en su medio y entre sus lectores. Luego de una larga trayectoria, cuando ha probado que su sensatez, su lógica, su ecuanimidad y su sentido común logran una estabilidad en el consenso público, entonces y recién entonces el juicio de ese crític puede interesar como punto de referencia y de orientación no sólo al espectador, sino también al artista que es juzgado.
Opinar es muy fácil
La posición extremista de Virgil Thomson tiene la clara finalidad de atacar a los críticos presuntuosos que consideran que su función única es lanzar veredictos contundentes desde una altura olímpica despreocupandose de la obligación formativa que le cabe al periodismo. Opinar es mu fácil. No requiere trabajo previo de lecturas, estudio, análisis, estadísticas. Con cuatro o cinco frases ingeniosas o convencionales se puede salir del paso y liquidar o exaltar a un ejecutante o a una obra. Este tipo de crónica es común y frecuente en todas partes del mundo. Casi nunca sirve para nada. Sirve únicamente desde un punto de vista comercial si el crítico escribe en un diario famoso o si el pianista o violinista analizado puede rescatar un fragmento de esa opinión e incluirlo impreso en su folleto de propaganda. Y de ese modo nos encontramos con una hilera de ditirambos en los programas de las estrellas que llevan como certificado una firma cotizada o un periódico de gran tiraje. ¡Esplendoroso sonido!! dijo el "Times"; Un virtuoso sin parangón en nuestro tiempo (informó "Le Monde"). Pero cuando se vive en un rincón apartado del mundo, como es el pequeño Uruguay, juicios de este corte no ayudan a nadie, ni siquiera valen para un curriculum, porque nuestra opinión no cuenta internacionalmente. Y tambpoco sirve al lector local porque en lugar de ilustrarlo lo desorientan. Mientras un señor opina que fulanita es una cantante magnífica, otro señor en el diario de al lado sostiene que posee una voz mal educada y ningún interés musical. Al final en medio de tales contradicciónes el auditor se queda con su propia opinión y no aprende nada.
"Doblemente Lúcido"
Más interesante y más necesario que ese duelo diario de "me gustó o no me gustó", es tratar de extraer de la audición algunas conclusiones que puedan dar al lector argumentos y guía para concretar sus propios criterios de valoración; que le permitan ubicar las obras del programa dentro de un panorama estético general; que busquen clarificar los elementos valiosos que puedan existir en una obra nueva de difícil acceso. Si hay que analizar la composición de un creador local o extranjero, conviene que el aficionado conozca los parentescos estilísticos que lo guían, la incidencia de esa obra dentro de su propia evolución creativa.
Si el crítico no posee profundos conocimientos técnicos podrá defender su juicio con una descripción de las líneas estilísticas generales que destacan en esa composición. Si posee esos conocimientos, debe evitar el tecnicismo oscuro de su lenguaje pues estaría destinándolo sólo al propio autor de la obra y a sus colegas. Un alálisis exhaustivo de la técnica de composición empleada y de los presuntos errores cometidos en la elaboración de la partitura, es materia apta para la cátedra, el seminario o la revista especializada, pero no para un periódico. El peligro de los críticos-compositores y de los críticos-profesores es que no sepan abstenerse de lucir su sapiencia sin pensar en la finalidad principal de la nota que escriben. El otro peligro es el de la parcialidad de orientación. Cuando un crítico está embarcado él mismo en la composicón o en la interpretación, tiene que ser doblemente lúcido, doblemente inteligente y doblemente honesto para poder mantenerse objetivo ante la labor ajena...
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