daniel maggiolo
 

POLÍTICAS CULTURALES (*)


1. Podríamos definir una política como un conjunto de medidas y acciones destinadas a obtener un objetivo determinado. Una política cultural, entonces, podría ser el conjunto de medidas y acciones orientadas al desarrollo de la cultura. Sin embargo, ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de cultura? Por lo general suele decirse cultura cuando en realidad se está haciendo mención al arte. Pero el arte es sólo una parte de la cultura. La cultura es el conjunto de los logros intelectuales, espirituales y materiales del ser humano. Es decir, todo aquello que no es naturaleza. El arte es cultura, pero también lo son la ciencia y la tecnología, el deporte, las costumbres, las tradiciones.

2. Creemos que es a partir de esta definición de cultura que debe diseñarse una política cultural. Respetando la relación dialéctica existente entre el objetivo general, que es la cultura, y los distintos objetivos particulares que corresponden a cada una de las posibles componentes de la cultura, y que quizás fuera necesario definir y categorizar de manera más precisa.

3. Una política cultural debería tener por objetivos la preservación de los valores culturales de un pueblo (es decir, sus logros materiales, intelectuales, espirituales), a la vez que fomentar su desarrollo. Esto tiene que ver con el concepto de identidad cultural, concebida no sólo como aquello que nos diferencia de los demás, sino como aquello que nos une, nos da un sentido de pertenencia. No obstante, es necesario no concebir la identidad cultural como algo estático, pasible de ser conservado en un museo, sino como algo dinámico, en permanente movimiento y transformación.

4. Al mismo tiempo deben respetarse las diferentes "identidades culturales regionales" que conforman la identidad cultural nacional. Así como los uruguayos conformamos una identidad cultural dentro del panorama cultural latinoamericano, también hacia el interior del Uruguay existen distintas identidades culturales que dan sentido de pertenencia a personas integrantes de una región, de una ciudad, incluso de una zona dentro de una ciudad. Una política cultural debe conjugar dialécticamente entonces los conceptos de centralización (a partir de la definición de objetivos y lineamientos generales) y descentralización (a partir de la aplicación y adaptación de dichos objetivos y lineamientos generales a la realidad concreta de una zona o región).

5. No hay un único portador de políticas culturales. Los son los gobiernos nacionales, pero también los municipales, los regionales o los zonales. En definitiva, en esta concepción amplia de cultura, la política cultural no es ni siquiera una prerrogativa de los gobiernos, sino que debería ser una preocupación permanente de cada individuo. En ese sentido deberían estudiarse las posibilidades de interacción entre los diferentes involucrados en la implementación de políticas culturales. Desde los gobiernos nacionales hasta los propios individuos nucleados en distintas iniciativas ciudadanas.

6. La preservación y mejora de las condiciones de nuestro lugar de residencia, la preservación de espacios verdes, la limpieza, el control del ruido, la ecología en definitiva -entendida como la relación existente entre el ser humano y la naturaleza o su entorno- es algo que debe preocuparnos a todos, y no podemos dejarlo exclusivamente en manos de los gobiernos.

7. Una política cultural tiene no poco que ver con el apoyo a la estructuración del tiempo libre del individuo. Generar condiciones para que el ciudadano estructure su tiempo libre de manera más útil y beneficiosa, no sólo para sí mismo sino también de manera provechosa para la comunidad en la que está inserto.

8. Claro, todo lo dicho requiere recursos y dichos recursos deben generarse (aunque a veces sólo hace falta asignarlos, o, mejor aún, reasignarlos). Es demasiado frecuente la afirmación de que la inversión en cultura es deficitaria. Sin embargo, los beneficios de la inversión en cultura no pueden medirse solamente en función de la rentabilidad económica que puedan generar.

9. El resultado de la inversión en investigación científica y tecnológica no puede medirse -al menos no exclusivamente- en función de los beneficios económicos inmediatos generados por la comercialización de posibles productos surgidos de dicha investigación. Los resultados de la investigación científica y tecnológica, en la medida en que aumentan el conocimiento de la realidad propia y de las posibilidades y mecanismos para transformarla, se traducen -en última instancia- en una mayor independencia de nuestro pueblo todo de los centros externos de poder.

10. Es poco probable que una política cultural pueda tener éxito aisladamente. Debe estar fuertemente acompañada por políticas económicas y sociales acordes, que permitan al individuo generar y disfrutar de su tiempo libre, que fomenten la comprensión de que el ser humano tiene derecho a su tiempo libre. Porque, ante una situación económica adversa, lo primero que se recorta, que se elimina, son las actividades destinadas a satisfacer las necesidades espirituales e intelectuales del individuo, sin las cuales no es posible realizarnos en tanto tales, en tanto seres humanos plenos. Pero debe estar también acompañada de políticas económicas y sociales que apunten a una mayor independencia del país de las condicionantes externas.

11. Aún en estos tiempos de pretendida globalización, la misma sigue teniendo el mismo sentido y dirección de décadas atrás. La unificación de modelos culturales a partir de un modelo cultural único, pretendidamente predominante, respaldado en la preponderancia económica (eventualmente incluso bélica) del portador de dicho modelo cultural, en detrimento de la identidad cultural nacional a la que hacíamos mención anteriormente.

12. Como dijimos, suele decirse cultura cuando, en realidad, quiere decirse arte. Por ello quisiera abordar, aunque sea esquemáticamente, algunos aspectos de la política hacia el arte, en tanto parte integrante de una política cultural. El individuo tiene -al menos- dos tipos de relacionamiento con la realidad, uno funcional y otro estético. El hecho de que en cada caso particular uno pueda predominar por sobre el otro no puede hacernos perder de vista que el otro siempre existe. El arte es un fenómeno comunicacional en el cual el relacionamiento estético predomina por sobre el funcional (pero, insisto, no lo anula), es decir una forma más (diferente, quizás) de generar conciencia.

13. Compuesto de una parte material y otra espiritual, el ser humano necesita satisfacer también sus necesidades espirituales para alcanzar una realización plena como individuo. No estamos de acuerdo en que alcance con satisfacer las necesidades materiales básicas (por más necesario, y hasta prioritario que sea). Pero si en tiempos de expansión económica la dedicación del individuo a la satisfacción de necesidades espirituales aumenta incluso por encima de los indicadores económicos, también es cierto que es lo que más disminuye en momentos de retracción.

14. Desde los gobiernos se puede fomentar la actividad artística a partir de la generación de infraestructuras que optimicen su realización. Salas de exposiciones, teatro, música, etc. Incluso centros de preservación, como museos, bibliotecas, archivos, fonotecas. Pero también a partir de la asignación (o, como decíamos, reasignación) de recursos de incentivo al arte. El Fondo Capital, el Fondo Nacional del Teatro, el Fondo Nacional del Audiovisual y el Fondo Nacional de la Música son buenos ejemplos de ello. Finalmente, es posible fomentar la inversión de empresas en arte (en cultura en general), otorgando beneficios especiales a quienes lo hagan.

15. Pero una política hacia el arte (parte integrante de una política cultural) no debería repetir mecánicamente el esquema de división entre productores y consumidores de arte. Debería partir del reconocimiento de que todo individuo puede ser consumidor, pero también productor de arte. Porque la satisfacción de las necesidades espirituales del individuo no se realiza solamente a través del consumo, sino también de la generación de bienes artísticos, de la práctica artística. La ignorancia de este hecho es seguramente el causante de la poca importancia que se otorga al arte en los programas educativos, primarios, secundarios, terciarios. No sólo no se aprovechan los valores educativos del arte, sino tampoco se educa para una mayor familiaridad con la generación de arte, ni siquiera para la mejor comprensión del fenómeno artístico.

16. Una política hacia el arte, finalmente, también tiene que ver con la preservación y fomento de la identidad cultural. ¿Por qué, por ejemplo, parecería ser natural para los gobiernos mantener una orquesta de músicos destinada a reproducir un repertorio de otro tiempo y de otro espacio, la llamada música culta europea, pero no parece lógico mantener una orquesta de jazz? ¿O una de tango?



(*) Esquema de la ponencia presentada en el Encuentro Zonal organizado por la Comisión Mixta de Cultura de la Junta Local y el Concejo Vecinal de la Zona nº 5 de la ciudad de Montevideo en diciembre de 1998.
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