La idea de transferir la capital del país lejos de la costa existió desde la segunda mitad del siglo dieciocho, como forma de poblar, desarrollar y asegurar el vasto interior de Brasil (4). En la mitad de los años cincuenta, durante la campaña presidencial de Juscelino Kubitschek, se propuso finalmente como proyecto concreto y fue realizado poco tiempo después. Brasilia no tiene ni siquiera 40 años. La parte en el mapa que se parece a un pájaro, o más bien a un avión, es el llamado Plano Piloto (plan piloto). El plan maestro para el Plano Piloto fue diseñado por Lucio Costa. Oscar Niemeyer fue el arquitecto que diseñó la mayoría de los edificios y Burle Marx fue el arquitecto paisajista. El Plano Piloto fue declarado un sitio de patrimonio por la UNESCO y toda modificación en él debe pasar por un riguroso proceso de revisión. Limitaré mi discusión a esta parte de la ciudad con la conciencia de que Brasilia se extiende más allá de esas fronteras y de que las ciudades satélite que crecieron alrededor de su periferia en los últimos 30 años son el resultado directo del plan maestro. Hablando genéricamente, se puede decir que cualquiera o cualquier cosa que no encaje dentro del plan maestro es acomodado en esas ciudades.
El cuerpo del avión está compuesto por el Eje Monumental a lo largo del cual encontramos de este a oeste la mayor parte de las instituciones gubernamentales, la catedral, el hospital, sectores comerciales, de hotelería y bancos, la torre de televisión, el mausoleo de Kubitschek, el sector militar y la estación de buses y de trenes que conectan con el resto del país. Las alas del avión, llamadas Ala Sur y Ala Norte, están compuestas por el Eje de la Autopista Residencial que se extiende de norte a sur. Allí vive la mayor parte de la gente, en edificios de apartamentos de tres a seis pisos. Los dos ejes se juntan en la rodoviaria, la estación central de buses. Este es el centro del Plano Piloto, la "plaza del mercado", donde la fuerza laboral arriba y parte cada día de y hacia las ciudades satélite.
El cruce de dos vías a lo largo de las direcciones básicas norte-sur y este-oeste, inicialmente sólo una cruz dibujada en la tierra, creció hasta convertirse en dos enormes arterias de tráfico con seis carriles en las cuatro direcciones. Comparemos el sonido del palo dibujando esa cruz en la tierra y todos los sonidos naturales que habrán acompañado a este hecho, con el sonido del tráfico que hoy ocupa los ejes centrales que atraviesan esta ciudad. Yo creo que este contraste es el contraste básico actual en el paisaje sonoro de Brasilia y sus alrededores.
Por un lado, es muy difícil escapar al sonido del tráfico dentro del Plano Piloto. Pero por otro lado uno no tiene que viajar muy lejos para dejarlo atrás y acceder a un paisaje sonoro muy silencioso y natural.
Pero el visitante -y quizás los residentes de Brasilia no sean totalmente conscientes de ello- no escucha otra cosa que el tráfico desde la habitación de su hotel. Todos los hoteles están situados en los dos sectores de hoteles y éstos están rodeados por amplias arterias de tráfico, así como por calles más estrechas. En lo que yo pude comprobar, no hay una sola habitación de hotel en toda la ciudad que esté libre de ese ruido. Más tarde en la noche, cuando el tráfico disminuye un poco, otra capa sonora emerge: el escape del sistema de aire acondicionado de cada hotel.
El tráfico y el aire acondicionado funcionan como paredes sonoras, creando una barrera a la audición de distancia y silencio. Las cuatro semanas en mi habitación del hotel han tenido su consecuencia y han influido indudablemente sobre mi percepción de Brasilia. La distribución general de las arterias de tráfico fue diseñada alrededor del suave flujo del tránsito, pero poco parece haberse hecho para proteger a los residentes de su ruido. La pregunta obvia es, entonces, si en el gran esquema de diseño del Plano Piloto existió alguna idea sobre diseño acústico.
Así como el Eje Monumental y el Eje de la Autopista Residencial conectan a la gente entre uno y otro sector o entre el lugar de residencia y el lugar de trabajo, desde un punto de vista acústico conforman dos enormes barreras sonoras que dividen la ciudad. Las dimensiones del espacio acústico que ocupa el tráfico en dichas arterias son mucho más extensas que sus dimensiones geográficas. El ruido del tráfico viaja a través de los expansivos espacios verdes hacia las habitaciones de los hoteles, oficinas, iglesias, incluso escuelas y muchas de las áreas residenciales. Los ojos pueden mirar a lo lejos, pero el oído no puede oír más allá de la inmediatez acústica del motor de los automóviles. El Eje Monumental podrá ofrecer muchas oportunidades para sacar fotos, pero las grabaciones realizadas en los mismos lugares van a ofrecer muy poca variación del incesante ruido del tráfico. De manera similar, dentro del auto el conductor está separado del paisaje sonoro exterior. De hecho, el parabrisas funciona como una pantalla de cine y el motor y la radio del auto como la banda sonora que lo acompaña. Como todo se ve muy abierto, uno tiene la ilusión de espacio. Sin embargo, acústicamente uno está encerrado.
Mi argumentación es clara. Esta ciudad tiene exactamente lo mismo que tienen otras ciudades no diseñadas tan conscientemente: muchísimo ruido de tráfico. Mientras tanto, en el lago cercano uno puede encontrar un silencio sereno. Es obvio ahora que Brasilia es un lugar de paisajes sonoros altamente contrastantes: ruido de tráfico y sonidos naturales. Muy poco hay entremedio. Los contextos sociales humanos, como cafés o restoranes, aparecen en pequeños racimos aislados, desparramados por toda la ciudad, y que sólo pueden conectarse en auto. Falta mayormente lo que define acústicamente a una comunidad: la calle regular, estrechas avenidas, pequeñas plazas, viejos árboles que den sombra, plazas de mercado, cafés de vecindario, aquellas esquinas ocultas que se desarrollan con el tiempo a medida que una ciudad va envejeciendo. Es en estos lugares más íntimos que la comunidad se desarrolla, donde ocurre primeramente la cultura, donde las personas están protegidas en su interacción social del ruido mayor de una ciudad y pueden crear pequeñas islas de comunicación no perturbada, una especie de voz interior o voz aldeana de la cultura urbana y la vida social.
Algunas Superquadras, las áreas residenciales, parecen funcionar un poco como pequeñas comunidades con sus propias características acústicas. En muchas de ellas el ruido del tráfico se encuentra a una distancia saludable y el sonido de primer plano de las voces de las personas, pájaros, grillos, cigarras son placenteros y variados. Se me dijo, aunque no pude ver ninguna referencia escrita, que la altura de los edificios de apartamentos (seis pisos) fue determinada parcialmente por razones acústicas: la comunicación entre padres e hijos es posible hasta el sexto piso, pero no más arriba. De esa manera, idealmente, si alguno de los padres no está escuchando la radio o la televisión o usando la aspiradora, se puede oír al niño llamando desde el exterior hasta el sexto piso y viceversa.
No obstante, las Superquadras son vulnerables a las invasiones sonoras externas. Las escuelas atraen el tráfico de automóviles y, según uno de los residentes, mucho sonar de bocinas, cuando los padres vienen a recoger a sus hijos al mediodía y al finalizar el día escolar. La legislación reciente contra el ruido (de 1994) trata de proteger a los residentes de algunas intrusiones sonoras, estableciendo lineamientos estrictos para bares, restoranes, clubes nocturnos, etc. en lo referente al aislamiento acústico interior y niveles de ruido en el exterior. En las áreas residenciales no se deberán exceder los 45 dB después de las 10 de la noche. Yo noté que algunos de esos restoranes están muy cerca de los edificios de apartamentos y se me dijo que algunos establecimientos fueron cerrados como resultado de quejas por ruido. Sin embargo, hay Superquadras que están construidas cerca de calles en las cuales no hay legislación capaz de protegerlas contra el ruido del tráfico, a menos que se cierren las calles al tráfico.
Otro tipo de sonido que define acústicamente una comunidad falta ampliamente en Brasilia. Toda comunidad tiende a tener sus propias señales o rasgos sonoros que dan voz a los sistemas de creencias, actividades y patrones de actividad de la comunidad y que brindan a los residentes, a menudo de manera inconsciente, un sentido de lugar. Visualmente el paisaje urbano de Brasilia está lleno de hitos arquitectónicos, brindando una forma monumental al plan maestro, pero el paisaje sonoro no está definido por ningún rasgo sonoro significativo. De hecho, la ciudad no señala al recién llegado ninguna otra cosa que alarmas de autos, haciendo por lo tanto que nuestros oídos no estén curiosos acerca de su vida comunitaria. Se me ha dicho que la catedral y otras iglesias pequeñas tienen campanas, pero no son prominentes en el paisaje sonoro ni parecen serlo en la conciencia de la gente.
Entonces, si Brasilia no es una ciudad de señales prominentes ni de lugares comunitarios íntimos, ¿cuáles son las cualidades acústicas que brindan a esta ciudad su carácter y a sus residentes un sentido de lugar? ¿Cuál es su identidad acústica? Los sonidos que han mantenido curiosos y ejercitados a mis oídos en Brasilia han sido los sonidos de varios grillos y cigarras que atraviesan la densidad del ruido del tráfico incluso en el sector de los hoteles. Parece haber una interminable variedad de ritmos y resonancias en dichos sonidos.
Quizás sea precisamente el contraste entre el sonido anónimo internacional de una ciudad y los sonidos de grillos y cigarras específicos de este lugar lo que caracterice acústicamente a lo que aún es Brasilia: una aventura pionera, un plan maestro, arquitectura urbana moderna con pretensión de internacionalismo, cortada en medio de la mata brasilera. En cierto sentido "emigró" a un territorio extranjero y subdesarrollado para iniciar una nueva vida, para transformar el orden social y para negar y superar el subdesarrollo en el resto del país. Los edificios están allí para testificar este ideal. Pero el paisaje sonoro revela que la psiquis humana no emigró a la misma velocidad. El carácter internacional de la ciudad es audible exclusivamente en la similaritud del ruido de tráfico, el peor aspecto del internacionalismo.
Se me ha dicho una y otra vez que a la gente que vive en Brasilia realmente le gusta la ciudad. Aparentemente en comparación con las condiciones en otras partes del país las conveniencias y ventajas prácticas inclinan la balanza frente a los sentimientos de extrañamiento cultural y pérdida de la vida comunitaria. Existe una cierta libertad en un lugar de anonimato cultural. Me recuerda mi propia emigración de Alemania a Canadá para liberarme de aquellas tradiciones que constituyen medios restrictivos a efectos de obtener mayor libertad de movimiento, tanto física como psíquicamente. Uno es libre de inventar una nueva vida, de oír voces interiores que no están ligadas a las voces de la tradición. Existe una liberación en ello. Pero, muy profundamente, subsiste la añoranza por aquellos pequeños rincones y grietas, aquellos lugares íntimos, aquellas plazas de aldeas y ciudades con sus fuentes y viejos robles, aquellas campanas que nos indican la hora y hacen música, esa añoranza persiste. La memoria de esos lugares con sus expresiones acústicas define la cultura, emoción e imaginación internas, definen el propio sentido de comunidad. Constituyen la base desde la cual uno escucha a Brasilia.
Las ciudades antiguas tienen la ventaja de tener en su lugar estructuras de calles y edificios, sistemas de creencias y tradiciones, con sus sonidos o paisajes sonoros característicos. El ruido tiene menos oportunidad de invadir. Simplemente no hay espacio para vehículos motorizados en muchas de las estrechas avenidas y calles. Y si entran, como hicieron en muchos centros de ciudades europeas, el ruido y la polución se han vuelto tan insoportables que el sentido común ha erradicado todo tráfico de muchos de esos centros. Igualmente, no se permite que se perturben o eliminen ciertos sonidos o paisajes sonoros que son sagrados o significativos en otras formas.
Pero si planificamos una ciudad totalmente nueva y nos introducimos en un medio ambiente natural con nuestros motores ruidosos y todo lo que acarrea y no dedicamos tiempo a escuchar a ese nuevo lugar, entonces el ruido del tráfico y de la construcción estarán allí primero, antes de que nuestros oídos hayan tenido tiempo para ajustarse al silencio de la naturaleza y para escuchar todo lo que está vinculado. En ese sentido no se le da una oportunidad al silencio -como lo llama Ursula Franklin- "en tanto condición habilitante que abre la posibilidad de acontecimientos no programados, no planificados y no programables" (5). Es en esos silencios creativos que se brinda la oportunidad de nacer a aquéllo que define un lugar y una cultura.
Cada vez más entiendo el proyecto Paisaje Sonoro Brasilia como un generador de ese espacio para escuchar, para encontrar los silencios y el carácter sonoro de esta ciudad. Siento que los participantes del taller entendieron esto inmediatamente y buscaron lo que habla de Brasilia con una voz honesta y encontraron aquellos sonidos y aquellos paisajes sonoros que significan Brasilia para ellos. Es un trabajo pionero, dado que uno tiene que oír a través del ruido de la mitología del nuevo mundo en dirección a un vasto mundo de posibilidades en el cual la cultura apenas se ha presentado - o, si estaba allí en la forma de culturas tribales, en el cual fue enmascarada de la misma manera en que lo fueran los paisajes sonoros naturales. En este caso, los micrófonos prestaron un nuevo oído a Brasilia.