En acústica, la palabra "enmascaramiento" tiene un significado muy especial (5). La importancia de este efecto en el paisaje sonoro es que mientras que los sonidos menos intensos generalmente no se enmascaran unos a otros (a menos que sus frecuencias estén muy cercanas), un paisaje sonoro hi-fi puede caracterizarse por la falta de enmascaramiento entre ruido y otros sonidos, con el resultado de que todos los sonidos -de todas las frecuencias- "pueden diferenciarse" (Schafer, 43). Según lo expresa la colega de la Universidad Simón Fraser, Hildegard Westerkamp, no existen "sonidos anónimos". La falta de enmascaramiento facilita la propagación de la "coloración acústica" causada por ecos y reverberaciones que ocurren en la medida en que el sonido se absorbe y se refleja en las superficies del entorno, y debido a efectos relacionados con factores climáticos, tales como temperatura, viento y humedad. La coloración resultante ofrece información significativa al oyente, proporciona conclusiones sobre la naturaleza física del medio ambiente y expresa su tamaño en relación al oyente. Esto suministra a los individuos un sentido de pertenencia, a medida que se mueven en la comunidad. El colega de la Universidad Simón Fraser Barry Truax maneja bien este concepto al afirmar "....el sonido que llega al oído es análogo al estado del medio ambiente físico, porque mientras la onda se desplaza, se va cargando con cada interacción con el medio ambiente" (Truax 1984, 15).
Otra característica del paisaje sonoro hi-fi de la revolución preindustrial es que el "horizonte acústico" se puede extender por muchos kilómetros. Por lo tanto, los sonidos que provienen de la propia comunidad del oyente pueden escucharse a considerable distancia, reforzando el sentido de espacio y localización y manteniendo la relación con el hogar. Este sentido se refuerza aún más cuando es posible escuchar sonidos que provienen de poblaciones adyacentes, estableciendo y manteniendo relaciones entre comunidades locales.
En el paisaje sonoro lo-fi, los sonidos con significado (asi como cualquier coloración acústica asociada), pueden ser enmascarados de manera tal que se produzca una reducción del "espacio auditivo" de los individuos. En aquellos casos en que el efecto es tan pronunciado que un individuo no puede escuchar más los sonidos reflejados de su propio movimiento o voz, el espacio auditivo se ha reducido efectivamente hasta encerrar al individuo, aislando al oyente del medio ambiente. Si el enmascaramiento de los sonidos reflejados o directos es tan severo que un individuo no puede escuchar sus propios pasos -lo cual es común en las calles de muchas ciudades- "...el espacio auditivo de las personas se ha reducido por debajo de las proporciones humanas" (Truax 1984, 20). Bajo condiciones tan extremas, o bien el sonido se asfixia (en el sentido de que no se escuchan ciertos sonidos particulares), o bien los sonidos se funden y la información acústica se transforma en la anti-información: "ruido".
Mientras que el paisaje sonoro hi-fi es, como lo sugieren los ecologistas acústicos, un equilibrio entre nivel, espectro y ritmo, el paisaje sonoro lo-fi se caracteriza por un nivel casi constante. Esto crea una "pared sonora" (Schafer 1977a, 93), que aísla al oyente del medio ambiente. Espectralmente hablando, el paisaje sonoro lo-fi contemporáneo se desvía hacia el rango de bajas frecuencias (gracias a los motores y los sonidos relacionados con la corriente eléctrica). Debido a la existencia de una sociedad de 24 horas, los ritmos de la rutina diaria se han erosionado en forma significativa en muchas localidades.
El Paisaje Sonoro y la Sociedad
Al describir la capacidad del paisaje sonoro para transmitir información, Truax (1984) describe al sonido como el mediador entre el oyente y el medio ambiente. Esta relación se ilustra en la Figura 2
Figura 2: La relación mediadora entre un individuo y el medio ambiente por medio del sonido (modificado de Truax 1984, 11).
A medida que el paisaje sonoro se deteriora, disminuye proporcionalmente la consciencia de las sutilezas del medio ambiente sonoro. Como resultado, el significado que el sonido tiene para el oyente en los paisajes sonoros contemporáneos tiende a polarizarse en dos extremos -"ruidoso" o "silencioso"; apreciable o no apreciable; bueno (me gusta) o malo (no me gusta). Comparemos este nivel de consciencia sonora (así como los resultados de las pruebas de sonido mencionadas anteriormente) con los hombres Kaluli de Papua Nueva Guinea, quienes, según Feld (1994), pueden "... imitar el sonido de al menos 100 pájaros, pero muy pocos pueden proporcionar una descripción visual de una cantidad similar de ellos". En otras palabras, los sonidos del medio ambiente para la tribu Kaluli abarcan un continuum ofreciendo un ilimitado rango de sutilezas.
En el mundo desarrollado el sonido tiene menos significado y la posibilidad de experimentar sonidos "naturales" decrece con cada generación, debido a la destrucción de los habitats naturales. El sonido se convierte en algo que el individuo trata de bloquear, antes que escuchar; el paisaje sonoro lo-fi, de baja información, no tiene nada que ofrecer. Como resultado, muchos individuos tratan de bloquearlo por medio de la instalación de ventanas dobles o de perfume acústico - la música. La música -el paisaje virtual- se usa, en este contexto, como medio para controlar el medio ambiente acústico, en lugar de como su expresión natural. La transmisión de palabra y música suministra la misma oportunidad de control, transformando el medio ambiente acústico en un bien de consumo. Las redes, transmisores y satélites extienden la comunidad acústica a todo el planeta, hecho que ha sido utilizado para acciones buenas y malas. Schafer denomina a este uso del sonido como "imperialismo acústico" (1977a, 77).
Una investigación sobre las actitudes públicas frente al ruido, realizada en 1993 en el Reino Unido, enumera a los "vecinos" -y específicamente a las fuentes de transmisión o grabación de sonido (a las cuales Schafer llama sonido "esquizofónico)- como la primera causa de irritación, destronando al tráfico del lugar número uno que ocupó por muchos años (Grimwood, 1993). Tal como informa Slapper (1996): "A nivel nacional, los concejos reciben cerca de 300 quejas al día por ruidos inaceptables producidos por los vecinos " y algo que es aún más perturbador: "En los últimos cuatro años han muerto 18 personas" (debido a disputas entre vecinos por ruidos molestos).
El significado psicológico del sonido utilizado como fuerza de control -como arma (ofensiva) o como barrera (defensiva) en contra del paisaje sonoro- es que el medio ambiente y la comunidad se convierten en el enemigo. Igual que en cualquier guerra, el medio ambiente se convierte en campo de batalla y sufre tanto como sus habitantes. Schafer calcula que la batalla entre la expresión sonora y el control ha ayudado a incrementar los niveles de sonido ambiental en alrededor 0.5 a 1 decibel por año - un "generador de ruido" como se ilustra en la Figura 3.
Figura 3: El Generador de Ruido (fuente: el autor)
Ruido Interno
Si la comunidad y el ruido ambiental son los enemigos externos, el ruido de pensamientos y sentimientos no deseados representa el enemigo interno. El uso del sonido como un "audioanalgésico" (Schafer 1977a, 96) -una pared sonora usada para bloquear el incesante (y a menudo crítico) diálogo interno, asi como las incómodas emociones que dicho diálogo revela- brinda la ilusión de poder dominar las emociones. Un dogma básico de la psicoterapia es la noción que pensamientos y sentimientos no expresados pueden convertirse en acciones inapropiadas, que van desde un arranque de rabia por un hecho insignificante, hasta el tipo de incidentes horrendos que cada día más frecuentemente ocupan las primeras páginas de los periódicos del mundo entero. A pesar de que los principios de la psicoterapéutica se conocen cada día más, aún predomina la creencia de que las emociones de alguna manera pueden ser controladas mediante la distracción.
El costo físico y psicológico de una emoción no expresada es una enfermedad epidémica relacionada con el estrés, que refleja la lucha por adaptarse a una nueva forma de vida - la velocidad, la vida de la ciudad cada día más comercial y agitada. El contraste entre el tipo de vida en pueblos y ciudades, comparado con las zonas rurales y tranquilas, es tal que Newman & Lonsdale (1995) denominan a los moradores de las ciudades como homo urbanus. Las descripciones del "zumbido" de una ciudad se refieren frecuentemente a su ruido, así como a su velocidad y actividad (Newman & Lonsdale 1995, 34). Mientras que la ciudad representa algarabía, las zonas rurales, las praderas y los esapcios salvajes se han convertido para muchos en algo aburrido e, increíblemente, representan una desconexión con la vida, ya que la "vida" se asocia con el ruido y la actividad continuos. El corolario de esto es que los ambientes "silenciosos" y altamente diferenciados -características de los ambientes hi-fi- se equiparan con aburrimiento, conformidad, laxitud, falta de oportunidades "... y, lo más importante, un sentimiento de estar fuera de alcance" (Newman & Lonsdale 1995, 10). La expresión anterior es un ejemplo magistral de sofistería, ya que mientras se está "en contacto" con el ruido de las opiniones y la tecnología (objetividad), se devalúa o ignora la silenciosa realidad de cómo "yo" me siento ahora (subjetividad).
Desde mi punto de vista, el ambiente hi-fi representa un profundo miedo psicológico para cualquiera cuyo propósito (consciente o inconsciente) sea evitar sus sentimientos. En una amplia gama de experimentos psicoterapéuticos, he sido testigo muchas veces -en mí mismo y en los demás- de cómo el permanecer silencioso tiende a hacer que las emociones salgan a la superficie. Como psicólogo, James Swan, citado en Gallagher (1993, 203) nos dice: "Tan solo sentándose silenciosamente en esa atmósfera (un lugar silencioso) permite a la mayoría de las personas procesar una cantidad de emociones y problemas que no podían manejar."
No es coincidencia que en arte y literatura se use a la naturaleza como símbolo de emoción: ambas son salvajes e incontrolables y la historia de la humanidad podría describirse en términos de la necesidad de dominarlas. Esta dominación ha tomado la forma de realidades efímeras construidas a lo largo de la vida, tal como es. En el caso de la naturaleza, la construcción se refiere a comunidades con fuerza motriz eléctrica, cuyo contenido efímero es función de su fuente de poder. La sociedad contemporánea no puede funcionar sin electricidad -si el obturador es apretado por la naturaleza, por terroristas o por el agotamiento de los recursos naturales, la sociedad colapsará. En lo que respecta a la emoción, las construcciones efímeras son los sonidos "esquizofónicos", las películas de televisión y eventualmente los trajes para la realidad virtual (data suits) y otras tecnologías cibersensoriales que están creando una realidad "virtual". Construida en la cima de la sociedad eléctrica, la ciberrealidad es dos veces más efímera, doblemente más frágil.
La Ecología Acústica Hoy
Schafer sugiere que hay dos formas de mejorar el paisaje sonoro. Por un lado, incrementar la competencia sonológica por medio de un programa educativo que intente inculcar en las nuevas generaciones la valoración del sonido ambiental. Él cree que con esto se podrá desarrollar un nuevo acercamiento al diseño -la segunda forma- que incorporará una valoración del sonido, reduciendo así la pérdida de energía que representa el ruido.
Las ideas de Schafer son loables y yo las comparto. Sin embargo, es vital que los ecologistas acústicos no subestimen lo que Schafer está pidiendo; para poder oír, tenemos que parar o al menos reducir el ritmo -física y psicológicamente-, transformándonos en seres humanos en vez de en "seres hacedores". "Esté aquí ahora" es uno de los principales mensajes que surge durante la década de los 60, y uno de los más importantes dogmas de la multitud de filosofías orientales que fueron importadas a occidente desde ese entonces. Para el homo urbanus, el parar y escuchar es un llamado vigoroso, aun cuando muchos lo siguen intentando. Para otros, el estar acá ahora, escuchando el paisaje sonoro, evaluando el paisaje sonoro, es un anatema. Porteus (1990) lo confirma en su crítica a las investigaciones originales del Proyecto Paisaje Sonoro Mundial, diciendo que los "expertos" siempre traen consigo su propia agenda. En este caso, dice, la agenda es que los individuos deberían evaluar el paisaje sonoro, específicamente uno balanceado; las encuestas de opinión pública, dice, indican que los individuos -los "inpertos"- no lo hacen.
El interés por la ecología acústica crece hoy en día, gracias a las actividades del Foro Mundial de Ecología Acústica (WFAE), fundado durante la Primera Conferencia Internacional sobre Ecología Acústica realizada en Banff, Alberta, Canadá, en agosto de 1993. El conocimiento de la ecología acústica, así como las actividades del Foro Mundial de Ecología Acústica se han comenzado a difundir a una audiencia más amplia por medio de boletines, de esta revista (6), de conferencias regulares (desde 1993) y, más recientemente, con una lista de correo electrónico y un sitio en la red accesible a cualquiera que tenga ingreso a la internet. Westerkamp (1995) informa que el Foro Mundial de Ecología Acústica ha conseguido representantes para su comité directivo en Europa, en la región Asia-Pacífico, en América Central y del Sur y en los Estados Unidos de América y que ha tenido una dirección internacional que funciona muy bien desde 1998.
En resumen, entonces, según mi punto de vista, los valores defendidos por la ecología acústica -el valor de escuchar, la calidad del paisaje sonoro- constituyen valores que vale la pena evangelizar. Sin embargo, es vital que no subestimemos la magnitud de lo que estamos solicitando al final del siglo más comercial y ruidoso que la historia haya registrado.
Discografía
Westerkamp, H.: Tranformations Empreintes Digitales IMED 9631, 1996.
The Vancouver Soundscape 1973/ Soundscape Vancouver 1996, Cambridge Records CSR-2CD 9701, 1996.
Referencias
Backus, J.: The Acoustical Foundation of Music (2ª Edición), Nueva York: w. W. Norton & Co. 1977.
Barot, T.: "Songbirds forget their tunes in cacophony of road noise", The Sunday Times, 10 de enero 1999.
Berendt, J.: The Third Ear, trd: T. Nevill, Nueva York: Henry Holt 1988.
Feld, S.: "From ethnomusicology to echo-muse-ecology". The Soundscape Newsletter Nº 8, Foro Mundial de Ecología Acústica, Universidad Simon Fraser, Burnaby, B.C., Canadá 1994.
Gallagher, W.: The Power of Place, Nueva York: Harper Perennial 1993.
Grimwood, C. J.: "Effects of environmental noise on people at home", Building Research Establischment, Artículo Informativo Nº IP22/93, Diciembre 1993.
Krause, B. I.: "The Niche Hypothesis: A hidden symphony of animal sounds, the origins of musical expression and the health of habitats", The Explorers Journal, Invierno 1993, pp 156-160
Newman, P.S. y Lonsdale, S.: The Human Jungle, Londres: Ebury Press 1996.
Porteous, J. D.: Landscapes of the Mind, Toronto: U of T Press, pp 49-65, 1990.
Schafer, R. M.: Ear Cleaning. BMI Canadá 1967.
Schafer, R. M.: The New Soundscape : A Handbook for the Modern Music Teacher, BMI, Canadá 1969.
Schafer, R. M.: The Tuning of the World , Nueva York : Knpf, publicado nuevamente en 1994 como The Soundscape, Destiny books, Rochester, Vermont 1977a.
Schafer, R. M. (ed.): European Sound Diary, Publicaciones ARC 1977b.
Schafer, R. M. (ed.): The Vancouver Soundscape, Publicaciones ARC 1978a.
Schafer, R. M. (ed.): Five Village Soundscapes, Publicaciones ARC 1978b.
Slapper, G.: "Let´s try to keep the peace" en The Times, Abril 9, 1996.
Truax, Barry (ed.): (Editor R. M. Schafer), Handbook for Acoustic Ecology, Burnaby, B.C. Canadá : Publicaciones ARC 1978.
Truax, Barry: Acoustic Communication, Nueva Jersey : Ablex Publishing 1984.
Westerkamp, H. (ed.): The Soundscaape Newsletter, Nº 10, Febrero 1995. Burnaby, B.C. Canadá : Foro Mundial de Ecología Acústica, Universidad Simon Fraser.