A propósito del Día Nacional del Libro conversamos con algunos docentes sobre libros y literatura (Jorge Damseaux)

En esta oportunidad, el Prof. Jorge Damseaux, Asistente de Arreglos Corales, nos comparte su reseña de gustos y preferencias literarias, a partir de la propuesta planteada en relación al Día Nacional del Libro:

 

No puedo recordar cuál fue el primer libro que leí. Sé que tuvo que ser muy temprano, porque aprendí a leer de muy chico. Mi hermano dos años mayor arrancó Jardinera y a mí me fascinó esa posibilidad de ir a la escuela, así que al año siguiente estaba reclamando mi derecho a asistir, basado en que ya sabía leer (cosa que era cierta). Así que allá fui. También por eso, porque empecé de chico es que no puedo recordar.

 

Cualquier lista (o intento de lista) es una invitación al fracaso, porque leía todo lo que me pasaba por delante; del mismo modo que escuchaba todo lo que había en la vuelta para escuchar. La estrategia de mis padres no pudo ser mejor: simplemente ofrecerlo todo y no sugerir explícitamente nada. Así, pasé por todo tipo de publicaciones (revistas de historietas, por centenares) y autores: Salgari, Verne, D'Amicis, Defoe, Stevenson, en algún momento mucha ciencia ficción (Bradbury, Asimov), Chéjov (en un librito miniatura que era una delicia, con páginas en papel de seda con un aroma que todavía dura), Lope, Poe. Mi papá tuvo varios trabajos relacionados con libros, por lo que en mi casa circulaba todo tipo de material. Y yo no le hacía asco a ninguno, ya fuera Cien años de soledad o Tus zonas erróneas. Para qué vamos a andar filtrando...

 

Luego los de la región: de acá, Benedetti, Maslíah, Felisberto, Mario Levrero (que me gustaba más antes que ahora), Galeano, Di Candia, Hugo Alfaro, Flores Mora, todo bien mezclado. Del barrio, Borges y Cortázar fundamentalmente, pero también Fontanarrosa, Osvaldo Soriano, Isabel Allende, Vasconcelos, Sergio Ramírez, y un poco menos García Márquez y Vargas Llosa. Siempre me gustó más Ramírez que estos últimos, me pareció una escritura menos consagratoria. Nunca pude con Onetti, y miren que intenté. Mucha historia reciente (Butazzoni, Rosencof y otros), y de la otra (Halperin, Hobsbawm). Algunos textos políticos y filosóficos siguen en mi biblioteca, como testimonio de un estado de ánimo más que de una opinión. También divulgación científica (Sagan, Hawking, antes había sido el inocente libro de Malba Tahan). Entre los que dejaron alguna marca recuerdo "Maluco" de Napoleón Baccino, que nunca volvió a escribir así, con esa desmesura fantástica. El régimen de cambio de ejemplares usados en la librería RUBEN de la calle Tristán Narvaja me acercó toda la colección de la revista Humo(r) y todas las novelas de Agatha Christie (y tratándose de la buena de Agatha, decir "todas" es decir muchísimas). Sumo a Dolina, Eco, Mark Twain, Jack London, Faulkner.

 

Ya más acá, el tiempo se vuelve escaso y las oportunidades de leer por puro placer también. Mantengo mi preferencia por los relatos breves antes que las novelas (por eso algunos clásicos esperarán inútilmente), y por el ingenio antes que el dramatismo. Cada tanto suelo volver a visitar alguno de estos autores, y a veces (pocas) encuentro alguna joya nueva. Gustavo Espinosa es un buen ejemplo de esto.